Ricardo BerrÃos Pérez lidera tours bilingües de avistamiento de aves en el Central Park de Nueva York, como voluntario de la organización sin fines de lucro, Latino Outdoors. Sabe cuándo las reinitas migratorias han regresado a sus zonas de reproducción en Norteamérica gracias a sus caracterÃsticos chirridos. Pero cuando llegan los meses de frÃo, lo más probable es que lo vean encerrado esperando a que pase el frÃo pues, al igual que sus viajeros favoritos, Pérez “no es muy fanático del inviernoâ€�, dice.
Mientras el inclemente invierno cubre gran parte de Norteamérica, las aves migratorias como los zorzales de bosque, las reinitas de Kentucky y las reinitas de magnolia (una de las favoritas de Pérez) buscan refugio en Centroamérica y Sudamérica, ya que disfrutan del clima más cálido y de un forrajeo más abundante. Ahora, mediante investigaciones, se revela un panorama más claro de dónde pasan tiempo estas especies durante los meses en que no están en Norteamérica.
“SabÃa que las aves tienden a recorrer largas distancias para evitar el inviernoâ€�, dice Pérez, “pero nunca me detuve a pensar realmente a dónde iban exactamenteâ€�.
Los cientÃficos saben desde hace tiempo que muchas aves migratorias conocidas pasan sus meses no reproductivos en los grandes bosques de Centroamérica, pero carecÃan de datos para medir el papel crÃtico que ciertos lugares desempeñan para diferentes especies a lo largo del año. En un nuevo estudio, los investigadores se basaron en eBird, una base de datos global con más de 2000 millones de avistamientos de aves enviados por observadores de aves, para evaluar la importancia de los bosques clave para las aves migratorias. El equipo analizó los mapas semana a semana de 314 especies de aves, utilizando datos de eBird combinados con modelos de detección remota y de aprendizaje automático, con el fin de rastrear dónde se concentran las poblaciones de aves a lo largo del año. Descubrieron que entre una décima y casi la mitad de las poblaciones mundiales de 40 especies de aves migratorias pasan tiempo en cinco bosques clave.
Mientras cinco mil millones de aves migratorias atraviesan el estrecho corredor de Centroamérica durante la migración, muchas se detienen o pasan el invierno en las selvas tropicales, manglares y humedales de los Cinco Grandes Bosques de la región, cuyas áreas centrales suman algo más de 10 millones de hectáreas, aproximadamente el tamaño del estado de Virginia: Selva Maya en México, Belice y Guatemala; Moskitia en Honduras y Nicaragua; Indio MaÃz-Tortuguero en Nicaragua y Costa Rica; La Amistad en Costa Rica y Panamá; y el Darién en Panamá y el norte de Colombia.
Más de un tercio de las reinitas de Kentucky del mundo y casi una cuarta parte de todos los zorzales de bosque y las reinitas de alas doradas pasan el invierno en estos bosques, según el estudio de investigadores de la Wildlife Conservation Society y el Laboratorio de OrnitologÃa de Cornell. Además, más del 40 % de la población de reinitas cerúleas del planeta, que ha disminuido más del 70 % desde 1970, pasa por estos bosques durante la migración primaveral.
Pero estos bosques están desapareciendo a un ritmo alarmante, lo que los investigadores descubrieron que está dejando en peligro vastas poblaciones de aves. La deforestación, impulsada en gran parte por la ganaderÃa ilegal, ya ha arrasado millones de hectáreas de tierras boscosas. La Selva Maya y la Moskitia son los bosques más significativos para estas aves, pero también los más amenazados, los cuales sufrieron una reducción de un 25 % en tan solo 15 años.
A medida que el hábitat saludable que los rodea disminuye debido a la deforestación, contaminación e incendios forestales impulsados por el cambio climático, las aves —exhaustas tras un largo viaje— podrÃan acabar compitiendo por espacios y recursos de alta calidad para repostar y recuperarse, dice Anna Lello-Smith, autora principal y cientÃfica conservacionista de la Wildlife Conservation Society con sede en Nueva York.
En el estudio también se señala que estos bosques mesoamericanos funcionan como “paisajes hermanos� de las zonas boscosas de los EE. UU. y Canadá, con sólidas conexiones con los Apalaches, el delta del Misisipi, los Grandes Lagos, Nueva Inglaterra e incluso el Central Park de Nueva York. Estos contrapuntos ecológicos comparten las mismas poblaciones de aves migratorias que se reproducen en Norteamérica y pasan el invierno en los cinco bosques, y las amenazas a un paisaje resuenan en el otro.
“Si perdemos esos bosques, perderemos a estas aves que nos encanta ver regresar cada primavera�, dice Lello-Smith.
Pero los esfuerzos de conservación están lejos de estar paralizados. De hecho, las comunidades indÃgenas y locales lideran los trabajos para restaurar la tierra y recuperar los medios de vida aptos para las aves, como la producción sostenible de cacao y pimienta de Jamaica. Una iniciativa regional conjunta tiene como objetivo proteger un poco más de 10 millones de hectáreas de los Cinco Grandes Bosques y restaurar más de 480 000 hectáreas de tierra que han sido taladas ilegalmente. En la Selva Maya de Guatemala, por ejemplo, los investigadores trabajan con comunidades que gestionan viveros de árboles autóctonos, cultivando decenas de miles de plántulas nativas que luego se plantan en antiguas pasturas de ganado, recuperando los hábitats forestales y de aves.
En 2019, por primera vez la reforestación en la Selva Maya en Guatemala superó con creces la deforestación, dice Lello-Smith, destacando que en su investigación previa documentó el regreso de más de 200 especies de aves a estas pasturas restauradas.
Jorge Velásquez, director cientÃfico de ÌÇÐÄlogo para América Latina y el Caribe, afirma que, aunque la importancia de estos bosques ya está “bien establecidaâ€�, esta nueva investigación añade “un argumento más sólido y basado en datos para un apoyo sostenido para gestionarlosâ€� junto con las tierras indÃgenas. Al trazar en un mapa las “conexiones de protecciónâ€�, el estudio ponen de relieve los vÃnculos crÃticos que las especies migratorias crean entre las geografÃas distantes.
“Los mapas de conexión de protección presentados en el documento reflejan con claridad las dependencias transfronterizas y permiten justificar inversiones en conservación por parte de estados de los EE. UU. y provincias canadienses más allá de sus fronteras�, dice Velásquez, quien no participa en el estudio.
De hecho, parte de la razón por la que los investigadores quisieron mostrar estos paisajes hermanos es para utilizarlos como herramientas de comunicación con el fin de conectar a las personas en Norteamérica con las comunidades que realizan este trabajo. “No pueden hacerlo realmente solos�, dice Lello-Smith. “Muchos de ellos literalmente arriesgan sus vidas y seguridad para hacer este trabajo de protección�.
Centroamérica tiene una de las tasas más altas de asesinatos de defensores medioambientales. Patrullan sus tierras para detectar y detener actividades ilegales, incluidos el acaparamiento de tierras para la ganaderÃa y la explotación de pueblos indÃgenas y recursos naturales.
Es importante darse cuenta de “cuánto están haciendo y logrando estas comunidades locales con tan pocos recursos�, dice Lello-Smith. “Pero sus esfuerzos ya están dando frutos�.